Comienza un nuevo día. Los pajarillos revolotean y cantan suavemente entre los árboles que se desperezan con ojitos dormilones. Lejanos se escuchan los sonidos de la ciudad que despierta, mientras el silencio de la noche va disipándose despacio.
Idílico, ¿verdad? Bien... Sigo... Me había quedado en... a ver... Sí, la noche va disipándose despacio hasta que... "Ojú, mi arma, pero vá a desayuná ya o qué, ¿ein?".
Efectivamente, mi vecina ha despertado. Como la caja de Pandora, la mujer abre el ojo por la mañana y destapa la caja de pesadillas de todo habitante que la rodee. De hecho, incluso mi otro vecino, al otro lado de mi madriguera, anhela estrangularla y no porque tenga impulsos hedonistas extraños. Es una ensoñación extendida en el vecindario, temo.
No es de extrañar. Con su "Ojú" en la boca todo el maldito día, incrementado varios decibelios como una onda expansiva de tortura psicológica, ahí la tenemos repartiendo estridencia, ora por "er ai-fons que me regaló mi hijo, ojú el casharro", ora desde la terraza ("Mariiiii, ojú, shiquilla, viene a desayuná o qué"), ora desde las piscinas (creedme, es incansable) con su "Ojú, baja de una vé, hombre, que se enfría er agua, jaja qué jarte que tengo".
Lo peor del asunto es que piensa que tiene gracia, quizá al ver que la gente le sonríe, sin darse cuenta de que, probablemente, esa persona esté soñando despierta con que se mude en breve por pura piedad y altruismo.
Así que hoy, con los pajarillos revoloteando y cantando suavemente entre los árboles que se desperezaban con ojitos dormilones, el maldito "Ojú" volvió a destrozar un bello amanecer.
lunes, 27 de agosto de 2012
domingo, 26 de agosto de 2012
EXPEDIENTE XY
El aburrimiento me llevó un día a darme de alta en una red social de chat, que se vende como un sitio para encontrar amistades. Por supuesto, siempre se entra a esos sitios con cierta desconfianza, pues no sería la primera vez que te envían incluso imágenes de gónadas más o menos deformes sin cruzar una palabra con una menda.
Me creé en principio un perfil completamente falso, con un alias cómico, Comadrejilla, una foto de una chica muy poco agraciada, calva, de estética punk-camionera (vale, he acuñado el término pero todos lo entendemos y no va con intenciones raras ni subliminales); la descripción de mis aficiones no le iba a la saga: todo falso y obviamente falso, es decir, que cualquiera que leyera los datos allí incluidos sabía que eran falsos, a no ser que padeciera de algún tipo de patología de la que yo ya no me hago responsable.
La cosa es que, debido a ello, sí hubo un par de casos de personas que quisieron mantener conversación, porque les hizo gracia y se ve que no buscaban un solomillo humano.
Un tiempo después, por razones que no vienen al caso, decidí variar y observar realmente qué pasa en esas páginas. Y la sorpresa fue mayúscula.
Cambié mi perfil, esta vez con datos reales e imagen real, de hecho, la que ilustra mi perfil habitual. Una foto, de hecho, que fue realizada con una intención ajena tanto a ese sitio como a ser expuesta como imagen de perfil, puesto que, como otra serie de fotos, su destino era y es un proyecto que estoy desarrollando. Pero al grano...
Teniendo en cuenta que dejaba clara mi intención de conocer y conversar tanto con hombres como con mujeres, ofreciendo única y exclusivamente amistad, esperaba un rechazo masculino o una insistencia indebida y una acogida de amistades femeninas de forma más cercana.
Nada más lejano a la realidad. Matizo que suelo llevarme mejor con varones que con féminas, quizá precisamente por la ausencia de esas segundas intenciones. Sin embargo, no esperaba lo que ocurrió.
Paradójicamente la mayoría, una amplia mayoría de hombres, se comportaron con un respeto sorprendente. Aquellos que buscaban algo más, no plantearon ningún problema al no obtenerlo, a excepción de algún caso, que siempre los hay, pero casi el cien por cien mostraron una conducta intachable. De hecho he de decir que he encontrado prometedoras amistades allí.
La reflexión me ha sobrevenido más por la actitud de ellas, de mis congéneres. Ni una. Bueno, una si tenemos en cuenta que eran una pareja, ya podéis imaginar buscando el qué.
Ninguna mujer. La cosa es que, según la mayoría de chicos con los que he tenido la oportunidad de conversar, hablan de ellas en términos que utilizábamos antaño nosotras para hablar de ellos. Ya sabéis, chicas: pasa de mí; me trata como a un trapo; tiene a unas cuántas más de comodín... Y así una retahíla infinita de frases tópicas demasiado reconocibles en la adolescencia, en esas conversaciones femeninas de grupo.
La cosa es que, viendo las imágenes que suben las chicas de sí mismas, tampoco debería haberme planteado muchos dilemas. Todos nos hemos enamorado alguna vez por la red con el consecuente batacazo al ver que tu gato era pardo como los demás y dado al engañoso juego del narcisismo (muy común; atentos a esas fotos de espejo de baño con teléfono en ristre; o la versión femenina de la foto desde el techo, para sacar el canalillo), pero los extremos a los que se está llegando ahora me han dejado bastante de piedra.
El amor ha muerto, queridos míos. Ahora todas quieren ser princesas, pero quieren al príncipe castrado.
No veas cómo está el patio. He decidido quedarme en puesto de reina (no quiero ser princesita, quita, quita), que puede quedarse tranquila a mirar las batallas desde la almena sin tener que rendir cuentas.
Como decía la canción, "malos tiempos para la lírica".
Me creé en principio un perfil completamente falso, con un alias cómico, Comadrejilla, una foto de una chica muy poco agraciada, calva, de estética punk-camionera (vale, he acuñado el término pero todos lo entendemos y no va con intenciones raras ni subliminales); la descripción de mis aficiones no le iba a la saga: todo falso y obviamente falso, es decir, que cualquiera que leyera los datos allí incluidos sabía que eran falsos, a no ser que padeciera de algún tipo de patología de la que yo ya no me hago responsable.
La cosa es que, debido a ello, sí hubo un par de casos de personas que quisieron mantener conversación, porque les hizo gracia y se ve que no buscaban un solomillo humano.
Un tiempo después, por razones que no vienen al caso, decidí variar y observar realmente qué pasa en esas páginas. Y la sorpresa fue mayúscula.
Cambié mi perfil, esta vez con datos reales e imagen real, de hecho, la que ilustra mi perfil habitual. Una foto, de hecho, que fue realizada con una intención ajena tanto a ese sitio como a ser expuesta como imagen de perfil, puesto que, como otra serie de fotos, su destino era y es un proyecto que estoy desarrollando. Pero al grano...
Teniendo en cuenta que dejaba clara mi intención de conocer y conversar tanto con hombres como con mujeres, ofreciendo única y exclusivamente amistad, esperaba un rechazo masculino o una insistencia indebida y una acogida de amistades femeninas de forma más cercana.
Nada más lejano a la realidad. Matizo que suelo llevarme mejor con varones que con féminas, quizá precisamente por la ausencia de esas segundas intenciones. Sin embargo, no esperaba lo que ocurrió.
Paradójicamente la mayoría, una amplia mayoría de hombres, se comportaron con un respeto sorprendente. Aquellos que buscaban algo más, no plantearon ningún problema al no obtenerlo, a excepción de algún caso, que siempre los hay, pero casi el cien por cien mostraron una conducta intachable. De hecho he de decir que he encontrado prometedoras amistades allí.
La reflexión me ha sobrevenido más por la actitud de ellas, de mis congéneres. Ni una. Bueno, una si tenemos en cuenta que eran una pareja, ya podéis imaginar buscando el qué.
Ninguna mujer. La cosa es que, según la mayoría de chicos con los que he tenido la oportunidad de conversar, hablan de ellas en términos que utilizábamos antaño nosotras para hablar de ellos. Ya sabéis, chicas: pasa de mí; me trata como a un trapo; tiene a unas cuántas más de comodín... Y así una retahíla infinita de frases tópicas demasiado reconocibles en la adolescencia, en esas conversaciones femeninas de grupo.
La cosa es que, viendo las imágenes que suben las chicas de sí mismas, tampoco debería haberme planteado muchos dilemas. Todos nos hemos enamorado alguna vez por la red con el consecuente batacazo al ver que tu gato era pardo como los demás y dado al engañoso juego del narcisismo (muy común; atentos a esas fotos de espejo de baño con teléfono en ristre; o la versión femenina de la foto desde el techo, para sacar el canalillo), pero los extremos a los que se está llegando ahora me han dejado bastante de piedra.
El amor ha muerto, queridos míos. Ahora todas quieren ser princesas, pero quieren al príncipe castrado.
No veas cómo está el patio. He decidido quedarme en puesto de reina (no quiero ser princesita, quita, quita), que puede quedarse tranquila a mirar las batallas desde la almena sin tener que rendir cuentas.
Como decía la canción, "malos tiempos para la lírica".
sábado, 25 de agosto de 2012
OH, MY GOD
En mi peculiar exilio autoimpuesto, he tenido la oportunidad impagable de observar la fauna veraniega en pleno apogeo. Basta salir a la terraza y ver las piscinas comunitarias, no es por otra cosa.
Me ahorran pisar la calle, un alivio para cualquier masa cerebral durante el verano. Ni los calores estivales ni los usos y costumbres que los acompañan parecen ayudar a lograr la hegemonía mental.
Debo decir que adoro a las "posh" del "ideaaaaal", "divinooooo" y otros términos proferidos entre grititos y suspiros varios. Las adoro, son mi debilidad.
Pero la variante guiri es, con mucho, un espécimen digno de acaparar mis altares a las "posh" más recalcitrantes.
Hoy he tenido la oportunidad de disfrutar de la acción de una campeona de los pesos pesados. En la terraza me dedicaba a mimar plantas o, más concretamente, intentar que el sol no las friera, cuando reparé en una figura envuelta en una suerte de sábana vaporosa inmensa, hasta el punto que me recordó a la Reina del Carnaval de Tenerife. Se acercaba al borde de la piscina como una medusa gigantesca, con esos andares de pierna desviada de las top models (sí, esos que presagian cadera ortopédica), para probar el agua con uno de sus pinreles.
Así que, dispuesta a su misión con la predisposición de un guerrero escocés, ahí estaba la manceba, desenfundando la zarpa de la sandalia de strass para poner a remojo la uñas postizas.
Pensará alguien que exagero. Maldita manía en arrogarme esos ardides. No, en todo caso me quedo corta. La criatura, que remoja el dedo haciendo equilibrios para mantener la pose ante el personal, profirió de repente un alarido agudo de gato con pinzamiento testicular y un "Oh, my God" acompañado de ese gesto tan posh de caída libre de mano con muñeca dislocada.
Un teatral giro para comprobar el efecto de su interpretación la dirigió a una tumbona, ya dispuesta, eso sí, a deshacerse de las sábanas de seda y el resto de parafernalia.
No piensen que se metió en la piscina. Of course not. Estaría feo, daña el cutis y el bótox se queda medio tonto. El resto del tiempo, una masa de sedas, grititos y "divine" a diestro y siniestro, se freía al sol mientras una pobre mujer a su lado, que imaginé la amiga normal que suelen tener las "posh" para sentirse superiores, aguantaba el chaparrón con gesto de anhelar una forma de suicidio rápida e indolora.
No sé si he aclarado que no piso la piscina. ¿Por qué será?
Me ahorran pisar la calle, un alivio para cualquier masa cerebral durante el verano. Ni los calores estivales ni los usos y costumbres que los acompañan parecen ayudar a lograr la hegemonía mental.
Debo decir que adoro a las "posh" del "ideaaaaal", "divinooooo" y otros términos proferidos entre grititos y suspiros varios. Las adoro, son mi debilidad.
Pero la variante guiri es, con mucho, un espécimen digno de acaparar mis altares a las "posh" más recalcitrantes.
Hoy he tenido la oportunidad de disfrutar de la acción de una campeona de los pesos pesados. En la terraza me dedicaba a mimar plantas o, más concretamente, intentar que el sol no las friera, cuando reparé en una figura envuelta en una suerte de sábana vaporosa inmensa, hasta el punto que me recordó a la Reina del Carnaval de Tenerife. Se acercaba al borde de la piscina como una medusa gigantesca, con esos andares de pierna desviada de las top models (sí, esos que presagian cadera ortopédica), para probar el agua con uno de sus pinreles.
Así que, dispuesta a su misión con la predisposición de un guerrero escocés, ahí estaba la manceba, desenfundando la zarpa de la sandalia de strass para poner a remojo la uñas postizas.
Pensará alguien que exagero. Maldita manía en arrogarme esos ardides. No, en todo caso me quedo corta. La criatura, que remoja el dedo haciendo equilibrios para mantener la pose ante el personal, profirió de repente un alarido agudo de gato con pinzamiento testicular y un "Oh, my God" acompañado de ese gesto tan posh de caída libre de mano con muñeca dislocada.
Un teatral giro para comprobar el efecto de su interpretación la dirigió a una tumbona, ya dispuesta, eso sí, a deshacerse de las sábanas de seda y el resto de parafernalia.
No piensen que se metió en la piscina. Of course not. Estaría feo, daña el cutis y el bótox se queda medio tonto. El resto del tiempo, una masa de sedas, grititos y "divine" a diestro y siniestro, se freía al sol mientras una pobre mujer a su lado, que imaginé la amiga normal que suelen tener las "posh" para sentirse superiores, aguantaba el chaparrón con gesto de anhelar una forma de suicidio rápida e indolora.
No sé si he aclarado que no piso la piscina. ¿Por qué será?
jueves, 23 de agosto de 2012
WELCOME TO POLIGONLAND
Jesusito de mi vida, que eres niño como yo, no permitas que mis ojitos cándidos tengan que sufrir otra vez tan terrible visión.
Dos conceptos que han sido confundidos de forma terrorífica: sensualidad y horterada. Como ejemplo, la escena típica del tanga incrustado y agonizante entre nalgas y pantalón de varias tallas por debajo de lo recomendable por la OMS (y si no es así, deberían plantearlo).
Existía una norma no escrita de buen gusto que venía a decir que si destapas por arriba, cubrieras por abajo. Si llevas una falda tipo "cinturón ancho", viste algo más comedido por arriba, y viceversa. No se trata de mojigatería, todas hemos pasado por la adolescencia y alguna vez hemos cometido ese disgusto para el estómago.
Se trata de buen gusto y de solidaridad con aquellos que compartimos especie.
Entre nosotras, las féminas, pensamos que debemos mostrar cacho para resultar atractivas y deseables. Un error común, pues nos convertimos en una especie de pincho moruno sazonado con escasa tela, no por sentirnos a gusto con nosotras mismas por nosotras mismas, sino simple y llanamente para obtener la aprobación del género masculino.
Un grave error si pensamos en que sólo aumentamos un nivel de exigencia desequilibrado por parte de nuestros opuestos. Como muestra, un botón en forma de anécdota. Real como la vida misma.
El protagonista era el típico sujeto con aspecto de proxeneta de alto standing: una perla para la vista, dicho con todo el sarcasmo, eso sí. Barrigudo, viejo, feo como un demonio cabreado, hortera y de facciones que señalaban un carácter más bien repulsivo (y no, su físico no era para hacerlo despreciable, pero la descripción de este sujeto en tales términos no es baladí).
Conversaba con un amigo, o le supuse tal, y cacé la siguiente frase:
-Era una vaca.
Una risotada celebrando su propia idiotez acompañó mis ganas de darle un recordatorio de su propio aspecto mediante una bandeja de servir (trabajaba de camarera, por aclarar que no llevo una bandeja de metal cuando paseo por la calle).
La reflexión lleva a pensar en que hombres y mujeres que exigen a otros más de lo que se exigen a sí mismos no merecen realmente nuestra atención ni, mucho menos, esfuerzo por agradar.
Cubramos nuestras posaderas, alimentemos nuestra dignidad, y haremos un favor a algunos descerebrados: estimularemos su imaginación. ¿Acaso no es bonito pensar que hacemos un bien por sus neuronas?
Puro amor a la Humanidad. Pero, sobre todo, puro amor hacia uno mismo (también va para los caballeros; ese gayumbo asomando por la cinturilla del pantalón "cagado" produce frigidez permanente).
Dos conceptos que han sido confundidos de forma terrorífica: sensualidad y horterada. Como ejemplo, la escena típica del tanga incrustado y agonizante entre nalgas y pantalón de varias tallas por debajo de lo recomendable por la OMS (y si no es así, deberían plantearlo).
Existía una norma no escrita de buen gusto que venía a decir que si destapas por arriba, cubrieras por abajo. Si llevas una falda tipo "cinturón ancho", viste algo más comedido por arriba, y viceversa. No se trata de mojigatería, todas hemos pasado por la adolescencia y alguna vez hemos cometido ese disgusto para el estómago.
Se trata de buen gusto y de solidaridad con aquellos que compartimos especie.
Entre nosotras, las féminas, pensamos que debemos mostrar cacho para resultar atractivas y deseables. Un error común, pues nos convertimos en una especie de pincho moruno sazonado con escasa tela, no por sentirnos a gusto con nosotras mismas por nosotras mismas, sino simple y llanamente para obtener la aprobación del género masculino.
Un grave error si pensamos en que sólo aumentamos un nivel de exigencia desequilibrado por parte de nuestros opuestos. Como muestra, un botón en forma de anécdota. Real como la vida misma.
El protagonista era el típico sujeto con aspecto de proxeneta de alto standing: una perla para la vista, dicho con todo el sarcasmo, eso sí. Barrigudo, viejo, feo como un demonio cabreado, hortera y de facciones que señalaban un carácter más bien repulsivo (y no, su físico no era para hacerlo despreciable, pero la descripción de este sujeto en tales términos no es baladí).
Conversaba con un amigo, o le supuse tal, y cacé la siguiente frase:
-Era una vaca.
Una risotada celebrando su propia idiotez acompañó mis ganas de darle un recordatorio de su propio aspecto mediante una bandeja de servir (trabajaba de camarera, por aclarar que no llevo una bandeja de metal cuando paseo por la calle).
La reflexión lleva a pensar en que hombres y mujeres que exigen a otros más de lo que se exigen a sí mismos no merecen realmente nuestra atención ni, mucho menos, esfuerzo por agradar.
Cubramos nuestras posaderas, alimentemos nuestra dignidad, y haremos un favor a algunos descerebrados: estimularemos su imaginación. ¿Acaso no es bonito pensar que hacemos un bien por sus neuronas?
Puro amor a la Humanidad. Pero, sobre todo, puro amor hacia uno mismo (también va para los caballeros; ese gayumbo asomando por la cinturilla del pantalón "cagado" produce frigidez permanente).
miércoles, 22 de agosto de 2012
COMO DECÍA MI AMIGA ZSA ZSA
Estilosa ella como pocas, la amiga Zsa Zsa Gabor tenía una gran razón al separar lo bello de un sitio de la fauna que lo habitaba. Ella lo limitó a México, algo en lo que tuvo bastante mal gusto para ser ella. Se nota que no había pisado España cuando dijo su famosa frase (no la reproduciré aquí, no vaya a ser que me multen, que nunca se sabe).
En la mayoría de países del mundo se produce la paradoja de la belleza de sus paisajes y la deseable exterminabilidad del noventa por ciento de la población que los habitan, entre ellos esta España tan nuestra y adorable.
Aún así, con un espíritu claramente altruista, me he decidido a abrir esta sección, intentando que la escasa humanidad inquieta se encuentre acompañada en sus dudas vitales además de que trataré de adelantarme a sus necesidades vitales.
Por ejemplo, mi cursillo de cocina de supervivencia (próximamente) o el cursillo de cómo salir airosa de una reunión social sin parecer una prostituta con rebaja de cuota (un cursillo concentrado y enriquecedor).
Así que, como decía Zsa Zsa Gabor, esto es un paraíso en la Tierra que se debe compensar haciendo a sus habitantes. Como todos bien sabemos.
En la mayoría de países del mundo se produce la paradoja de la belleza de sus paisajes y la deseable exterminabilidad del noventa por ciento de la población que los habitan, entre ellos esta España tan nuestra y adorable.
Aún así, con un espíritu claramente altruista, me he decidido a abrir esta sección, intentando que la escasa humanidad inquieta se encuentre acompañada en sus dudas vitales además de que trataré de adelantarme a sus necesidades vitales.
Por ejemplo, mi cursillo de cocina de supervivencia (próximamente) o el cursillo de cómo salir airosa de una reunión social sin parecer una prostituta con rebaja de cuota (un cursillo concentrado y enriquecedor).
Así que, como decía Zsa Zsa Gabor, esto es un paraíso en la Tierra que se debe compensar haciendo a sus habitantes. Como todos bien sabemos.
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